ERRORES (1 reyes 19:9-13)
Levante la mano quien haya cometido errores en su vida. Levante la mano quien haya cometido errores en su vida por los cuales haya llorado lagrimas amargas. ¿Que cosa seriamos capaces de hacer o de dar por poder corregir tan solo uno de esos errores? Errores que han costado relaciones de todo tipo, errores que han costado perdidas; incluso, perdidas grandes y significativas. Errores que han sido por causa de una simple estupidez. ¿Cuantos de nosotros hemos tenido que batallar a lo largo de nuestra vida no tanto con nuestros pecados, sino con nuestros errores?
En cierto sentido es fácil afrontar los pecados, ya sabemos que hicimos algo malo y que debe de haber, la mayoría de las veces, consecuencias malas. Pero, ¿que pasa con aquellas cosas que no son pecados, con aquellas cosas que son simple y llanamente estupideces que cometimos? ¿Quien ha dicho una mala palabra en el momento incorrecto? Duele, ¿verdad?. ¿Cuantos de nosotros nos hemos sentido desorientados, no tanto haber hecho algo malo, sino por haber hecho algo estúpido?
Delante de nosotros tenemos el caso de un personaje que también hizo algo estúpido, y que también tuvo que llorar lagrimas amargas, por el solo hecho de que no podía hacer otra cosa.
Elias era un profeta, en el tiempo de la reina Jezabel dicha reina había mandado exterminar a todos los profetas de Dios, sin embargo Elias había podido escapar, y había presentado un reto a Baal y a sus sacerdotes. La reina y los sacerdotes aceptaron el reto. Jehová se manifestó con poder y Jehová resulto victorioso. Hasta aqui todo va bien. Sin embargo, la siguiente escena habla de algo, de un acto, que la misma narración describe, se trataba de un acto que Dios no había mandado, sino que se trataba de algo que el propio Elias había tomado la desicion de realizar: degollar a todos lo sacerdotes de Baal, y mas aun, el propio Elias, con sus propias manos los degolló, a todos.
A primera vista parecería un acto de purificación del verdadero culto a Dios, sin embargo, una mirada diferente nos revela que fue una total estupidez de parte de Elias. ¿Dios le había ordenado a Elias que matara? no. ¿El llamamiento de Elias había sido para matar a los infieles? no. Dios había salido victorioso del reto presentado por Elias, ¿era necesario que Elias matara a todos los profetas de Baal? no. Si Dios había demostrado que el mismo se podía defender, ¿que necesidad había de que Elias, defendiera a Dios? ¡Ninguna!. Entonces, ¿que se puede decir del acto de Elias? ¿fue algo inteligente? Por supuesto que no, fue algo completamente estúpido e innecesario.
Es por eso que Elias huye y vaga por el desierto solo, no puede afrontar la realidad de que por una estupidez suya cientos de vidas fueron terminadas. Cuantas dudas habrá tenido Elias en esos momentos. ¿Habré hecho bien? Dios no le había dado ninguna orden, pero Dios tampoco le aclaraba si había hecho bien o no. He matado y quebrantado uno de los mandamientos de Dios: no mataras. ¿Como puede ser posible que yo siga siendo profeta? ¿Dios me seguirá aceptado tal y como soy? ¿Dios me seguirá aceptando aun y con todas las cosas que hice? Y lo mas importante. ¿Que puedo hacer para ya no sentirme tan mal? .
¿Como pudo haberse sentido Elias en ese momento? ¿Como nos sentimos nosotros cuando cometemos un enorme error? Frustrado, triste, enojado, impotente, avergonzado, que uno no vale, que hubiera sido mejor que lo hubiera hecho otro… tantas cosas que podemos sentir en esos momentos; y todas y cada una de esas cosas las estaba sintiendo Elias. A tal grado, que la primera cosa que le dice a Dios es que esta harto de su vida, que ya lo mate.
Morir, es una de las cosas que se nos pueden atravesar por la mente cuando cometemos un error, tal ves no lleguemos a quitarnos la vida, pero si llegamos a decirle a Dios, a pedirle que nos quite la vida, por que lo único que cometemos son errores. ¿Que podemos hacer entonces? Nos preguntamos, ¿de que forma podemos solucionar las cosas? ¿Como podemos saber que a fin de cuentas todo va a estar bien? ¿Y que pasa si no? ¿Que pasa si el error que cometimos es tan grande que ya no se puede hacer nada? Ese era el caso de Elias, su error era irreparable, ya no podía devolver la vida a todas las personas que había asesinado.
Una relación rota, un trabajo perdido, una amistad terminada, una casa que a fin de cuentas no conseguimos; la deuda que teníamos que cubrir no la alcanzamos a liquidar, tan solo por un error. Lo que mas pesa de la vida son las cosas que fueron nuestra culpa, pero que ni siquiera disfrutamos, de las que ni si quiera podemos decir: lo bailado quien me lo quita, por que ni siquiera entramos al baile.
Miremos a Elias, y miremos su caso. El ya no podía hacer nada, Elias ya estaba al borde de sus fuerzas, Elias ya no podía mas, Elias ya estaba desesperado, solamente buscando, esperando la muerte. Elias ya no podía hacer nada mas, Elias estaba acabado. Al igual que nosotros cuando ya no podemos con nuestra vida, cuando llega ese punto cuando ya la vida, nuestras decisiones, las cosas que hemos hecho se desvanecen en torno a todos nuestros errores, a las cosas que dejamos pasar. Y también estamos acabados, también estamos en el suelo, postrados, esperando solamente la muerte.
Sin embargo, en medio de todo esto, en medio de las lagrimas, en medio de la tristeza y aun mas, en medio del polvo de nuestra postracion, es cuando se manifiesta la misericordia de Dios. Es ahi, cuando Dios nos muestra que Él siempre estara con nosotros, cuando nos muestra que pase lo que pase, Él siempre nos levantara, que Él de alguna o de otra forma nos hablara, que aunque nuestros oídos solamente estén llenos de recuerdos tristes, Él siempre se acercara mas y mas a nosotros, para que lo alcancemos a escuchar. Él nos muestra que siempre habrá una segunda oportunidad, una tercera y el numero de oportunidades que hagan falta para completar el camino que debemos de recorrer.
Elias estaba sofocado por las lagrimas y el polvo del camino. Dios le hablo con voz potente, de trueno, pero Elias no quería escuchar esa voz. Dios le hablo con una manifestación poderosa, pero Elias no quería hablar con ese Dios. Sin embargo, en este relato, se nos muestra ese Dios paciente y de misericordia, que murió por nosotros en la cruz, se nos muestra que aunque nosotros nos rindamos y estemos derrotados, Él jamas se rendirá, Él jamas se cansara, Él jamas nos dejara, Él siempre estara ahí; para llorar con nosotros, para sufrir junto con nosotros, para compartir esa impotencia, para llenar su corazón con nuestro pesar y derramar sus lagrimas junto a las nuestras. Ahí, en medio de todo ese sufrimiento se manifiesta la clase de Dios que tenemos.
Y Elias escucha un silbo apacible, y él sabe que Dios esta ahí. Y por fin descansa Elias, y por fin Elias puede sentir que no esta solo, por fin Elias puede sentir que Dios sigue estando ahí, como siempre, y le dice: vamos, levantate, que aun te he de mostrar mi misericordia, que un te he de mostrar con mil y un cosas que te amo. Elias no podía hacer ya nada, pero este pasaje no habla sobre Elias, habla sobre lo que Dios puede hacer con Elias, sobre lo que Dios puede hacer con nosotros, sobre lo que Dios puede hacer contigo. Por que aunque las cosas ya no tengan solución, Él siempre se encargara de encontrar una; o sino, el mismo, con sus propias manos, con sus ojos llenos de lagrimas, creara otra oportunidad nueva para nosotros. Por que Dios sigue siendo el creador, y el sigue creando un mundo nuevo para nosotros cada día cada día, cada oportunidad, cada nueva oportunidad, es la prueba de que Dios esta ahí, la prueba de que a pesar de que las cosas ya son insufribles, Dios nos sigue amando y ayudando.
¿Cual es la voz de Dios que necesitamos escuchar? ¿Cual es la manifestación de Dios que nuestros ojos necesitan ver? No lo sabemos, pero eso no importa, Él si lo sabe, y eso es lo importante. Podemos llorar, y hagamoslo; podemos desesperarnos, y hagamoslo, no esta mal; podemos incluso renegar de Dios, y tampoco estara mal. ¿Y saben por que? Por que Dios me ama tal y como soy. Y Él no necesita de algo que yo pueda hacer o dejar de hacer para amarme. Yo no creo que Dios se enoje por que reneguemos de Él, o incluso por que dudemos de Él. De lo que si creo que se enoje es de que no hablemos con Él, de que pretendamos tratar de ocultar nuestros sentimientos y no queramos que Dios nos vea tristes o enojados o incrédulos. Dios nos quiere ver tal y como somos, y si lo único que tenemos es tristeza y amargura, también eso es lo que quiere.
Hay momentos difíciles en la vida, los hay, hay momentos que no quisiéramos volver a pasar, o momentos que rogamos por que ya se acaben, los hay, y muchos; pero también es cierto que ahí estara Dios, para levantarnos cuando ya no podamos, ahi estara para posar su brazo sobre nosotros y decirnos: Mira, aun hay esperanza. Pero como…?? shhh, no te preocupes, de eso, me encargo yo.